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lunes, 18 de julio de 2011

Life.

Hace algo más de un año escribí esto:

¿Cómo algo tan perfecto puede estar tan mal hecho? El cuerpo humano... ese gran desconocido dentro del que vivimos. Es tan ridículo como fascinante. ¿Por qué no podemos vivir para siempre? Creamos cosas para no poder disfrutarlas. Hacemos cosas que no sirven más que para quitarnos nuestro preciado tiempo. ¡Cosas que no nos gustan! ¿Es eso lógico? Nos ordenan lo que debemos hacer, y nunca llegamos a disfrutar un día entero, a veces por nuestras propias trabas. No puedo cumplir mis sueños, porque son efímeros, y cuando pudiera, ya no querría.
Todo lo dejamos escapar.
En especial, el tiempo. Y el amor.

Todos nos paramos a pensar alguna vez en qué hay después de la vida. Bueno, en realidad yo nunca me paro a pensar en ello. Intento que sea una verdad innegable, pero que me permita seguir soñando.

La verdad es que me da miedo. Y con las cosas que me dan miedo tengo dos opciones: pensarlas a fondo o dedicarles un segundo. Prefiero lo último. Al fin y al cabo, ¿merece la pena pensar en algo en lo que no podrás pensar cuando llegue?

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