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martes, 2 de octubre de 2012

Buy or Die?

He estado algo obsesionada con el dinero últimamente. Yo siempre había sido una idealista nata, de las que piensan que no hace falta tener una gran casa o un gran coche, ni siquiera un gran armario para ser feliz.

Hasta que necesité el dinero.

Tampoco es que tenga que pagar facturas, hipotecas o seguros, pero el dinero está en todo lo que necesito. Y lo cierto es que tampoco me sorprende, llevo viviendo con ello toda mi existencia. Siempre había querido tener cosas, pero eran caprichos transitorios. Después, fui creciendo y al final siempre son los mismos deseos dando vueltas. Pues sí, me encantaría conocer otros países, tener ese vestido tan perfecto colgado en mi armario y poder comprarme un perfume de vez en cuando sin sentirme horriblemente culpable.

Sí, el dinero da la felicidad. De eso no tengo ninguna duda. Es increíble despertarse y acordarse de lo que te acabas de comprar y la ilusión que te hace.

Pero, al final, si no hay nada detrás, si no hay alguien a quien puedas contárselo, si no existe algo de lo que estés orgulloso sin haberlo tenido que comprar, entonces no tienes nada.

Y a veces lo material no es suficiente. De hecho, nunca lo es. A fin de cuentas, ¿de qué le valió a Ebenezer Scrooge todo el dinero que consiguió, fuera honesta o deshonestamente? ¿De qué le servía todo su dinero a Mr.Big cuando Carrie no estaba con él? ¿Para qué iba a montarse en su coche de lujo si no era para ordenarle a su chófer que fuera a casa de ella?



Así que sí, la riqueza lo es todo, pero habría que definir qué es riqueza. En el fondo nunca he llegado a ser tan materialista.

Y es que ya lo dice mi mamá: hay gente tan pobre que sólo tiene dinero.

lunes, 23 de julio de 2012

Wishing wells.

Una fuente. Una cualquiera. Desde la Fontana di Trevi hasta la pequeña fuente de un pueblo perdido.
Una moneda. Cualquiera vale.
Y un deseo. Un deseo que, según la tradición, no puedes revelar a nadie, porque de lo contrario no se cumplirá.



Me pasé años pidiendo deseos a fuentes. Curiosamente, esos deseos siempre apuntaban hacia alguien, siempre intentando que otras personas se involucraran en ellos. Y de pronto, como siempre, me di cuenta. A la única que tengo que pedirle los deseos es a mí misma. Ojalá mis sentimientos nunca cambien. Ojalá siga queriendo soñar. Ojalá conserve fuerza. Porque pocas cosas duelen más que ver que tus deseos no se cumplen porque tú mismo ya no quieres que se hagan realidad.

jueves, 19 de julio de 2012

Too much fun.

21 años. Tengo veintiún años y aún no he salido en las noticias como próximo talento artístico. Tampoco me conocen por poseer una gran riqueza o una gran herencia. Todavía no he cumplido mi gran y estúpido sueño de aparecer en un cartel en la Gran Vía, protagonizar un videoclip lleno de slow motion o de que Jay Leno me haga una entrevista sobre lo rápido que me he hecho famosa y sobre cómo ha sido mi vida hasta ahora.



No. Nada de eso. Y ¿por qué? Bueno, me he pasado los últimos seis años estudiando. De hecho, los últimos dieciocho. Acudiendo cada día al colegio o la universidad, atendiendo a muchas clases y estudiando muchas tardes. Muchas tardes en las que llovía y podía haber sido Holly Golightly buscando a su gato enfundada en una gabardina, para después besarme con mi propio Paul Varjak. Muchas otras tardes de sol en las que podría haber salido, simplemente salir a la calle, y respirar. Pero nunca hay tiempo para respirar. Por eso es una acción involuntaria, no podemos perder tiempo en ello.

¿Qué pasaría si tu vida acabara cuando te encuentras en periodo de exámenes? Sé que más de uno incluso lo agradecería, pero lo cierto es que todos pensaríamos: "me he pasado los últimos días de mi vida encerrado, estudiando algo que quizás ni siquiera me interesa." Tampoco es que sólo importen esos últimos instantes, pero cada instante puede ser el último, y deberíamos ser conscientes de ello.

Si cada cosa tiene su momento, ¿llegará alguna vez el momento en el que, como dice la canción, "nos divirtamos demasiado"?

Quizás podamos hacer mucho más de lo que creemos para que las cosas ocurran.

martes, 22 de mayo de 2012

Reflections.

Sí, todo eso de "ser uno mismo" está muy bien...

Pero la verdad es que lo bueno es que te cambien. Que cambien tus hábitos, tu forma de hablar: Que lleguen y se lleven de un plumazo tus verdades más universales, tus miedos irracionales y a cambio te inyecten sus canciones preferidas, sus manías más detestables y pinten tus sueños con su color preferido.

Pero toda acción tiene su reacción, y a veces, con suerte, cuando alguien te cambia, también tú cambias a ese alguien. Y lo cierto es que, por mucho que nos cueste admitirlo, somos bastante egocéntricos y nos encanta ver que hemos conseguido tatuar pequeñas cosas en el otro.

Tatuar. Eso leí una vez. Que todos vamos dejando tatuajes en  los demás. Y de eso se trata. No sé por qué está tan mal visto eso de que alguien no te deje ser quien eres. ¿Quién eres? No eres más que el resultado de lo que son tus padres, tus amigos y las otras personas a las que aprecias o admiras. Así que, en realidad, ese es el objetivo. Ser el reflejo de lo que quieres, y verte al mismo tiempo reflejado en ello.

Es así. Cuando no puedas cambiar a alguien, entonces sabrás que no has merecido la pena en su vida. Y quien te cambia es quien debe quedarse, si no es en tu vida, al menos en tu corazón.

jueves, 10 de mayo de 2012

Real or Not Real?

Mis pesadillas suelen ser siempre que te pierdo, así que estoy bien cuando me doy cuenta de que estás aquí. Me acuerdo de todo sobre ti. Ojalá pudiera congelar este momento, aquí y ahora, y vivir en él para siempre. Te quiero. Nos tenemos el uno al otro. Siempre. Me quedaré contigo. Si tú mueres y yo vivo, no me queda nada aquí, tú eres toda mi vida.


Sé que los libros conducen a las personas hacia otros lugares, a vivir otras vidas, otras historias y otros sentimientos. Se escriben para que imaginemos. Pero todas esas frases, todas esas palabras... ¿de dónde han salido?

¿Se inventaron para crear la ilusión de que pudieran pronunciarse en la vida real? ¿O salieron de alguna experiencia verdadera, de alguien que escuchó todo eso realmente? Dada la poca cotidianidad con la que las pronuncio o escucho, me quedo con la primera opción.

Cuando una de estas frases de cuento aparece, normalmente nos sorprende la magia que contiene. Cuando las oímos en el mundo real, son tan mágicas que no creemos que sean ciertas, ya que vivimos con la certeza de que todo acaba, y un "para siempre" nos desconcierta en este mundo efímero. Porque, ¿acaso existe alguien que haya podido amar a  otro alguien para siempre, sin ser un personaje ficticio? Y ahí es cuando mezclamos conceptos. Creemos que puede ser posible, sólo porque una persona ha dicho "para siempre" y lo ha cumplido. O ha dicho algo realmente bonito y de verdad lo sentía. O al menos eso hemos leído, porque esa persona no existe en otro sitio que no sean páginas de un libro.



Pero podría hacerlo, ¿verdad? Podría vivir en este mundo y sentir esas cosas. Y así los cuentos se van apoderando de nuestras vidas. La realidad, sin embargo, es que escuchamos versiones suavizadas de esas palabras, sin la fuerza de la magia con la que fueron creadas.

Quizás esas frases no están hechas para escucharlas, sino para verlas y sentirlas. Porque sabemos que en ese mundo, se dicen de verdad. Los actos concuerdan con esas palabras. Realmente esa persona se interpondrá entre tú y una bala para salvarte.

Quizás todo es más bonito cuando se lee. Después de todo, también yo escribo cosas mágicas, y es difícil que las diga en voz alta.

sábado, 14 de abril de 2012

Plain Old Vanilla.

La esencia de La Magia la perdemos con el tiempo. No me refiero a crecer esta vez, sino al curso de la Historia. Hace unas décadas, todo era tan difícil, tan impreciso... tan mágico.

Vivimos en un tiempo de desconfianza y no nos agrada correr riesgos. Necesitamos seguridad. No creemos en la palabra de nadie, y no nos importa que la tecnología esté ahogando poco a poco a La Magia, con tal de que podamos saber cuanto antes si ha llegado nuestro mensaje. El problema es que lo fácil, lo cómodo... se acaba antes. Se olvida antes. La ilusión se nos escapa entre las teclas de los móviles.

Me encantaría que se abriera de nuevo esa caja que lleva años recopilando esa Magia, para así recuperar ciertas cosas. Quiero el esfuerzo de rebobinar un cassette para volver a escucharlo. Quiero escribir "querido..." con mi propia letra, con tinta que manche el papel más de la cuenta y quizás tramos borrados con lágrimas. Quiero esperar días para recibir la contestación. Que exista auténtico miedo al escribirlo todo, sin poder volver atrás y jugándotela al momento en que ése alguien lo lea todo. Y abrir el buzón dos o tres veces al día, temblando de nervios. Quiero incluso La Magia de aquello que nunca viví, como conducir un descapotable sin llevar cinturón o poner un disco de vinilo.



No estaría de más salir a la calle sin teléfono. Quedar con alguien en un sitio sin la necesidad de llamar, sólo confiando. Basándose en la pequeña promesa de esa persona. "Allí estaré." ¿No decimos a veces que necesitamos salir de la rutina y perder el control? Eso es perder el control. Es arriesgar, esperar, ilusionarse. Imaginar más. Creer en La Magia.

Pienso todo esto mientras escribo en frente de la pantalla de un ordenador. Pero, ¿acaso no pueden coexistir ambas cosas sin mezclarse? ¿Sin que La Magia se vea obligada a comprimirse en aparatos electrónicos?

Lo útil y lo mágico no deberían haberse conocido nunca.


sábado, 24 de marzo de 2012

Once when I was little.

Tengo que volver a aprender muchas cosas.

Todos deberíamos, en realidad, aprender de nosotros mismos cuando éramos niños, porque entonces éramos más felices. A medida que crecemos, nos vamos volviendo serios, y un poco más tristes.
¿Recuerdas cuando te encantaba pisar charcos, sin preocuparte siquiera del frío que hacía? ¿O cuando nevaba y corrías a hacer bolas de nieve? ¿Y cuando imaginabas ser un pirata, una princesa o simplemente un niño que salvaría el mundo con poderes mágicos?

Hay tanta magia en la infancia... Por eso creo que ese pedacito de niñez nunca deberíamos abandonarlo. Es necesario ir más allá, mirar por la ventana como si nunca lo hubieras hecho, preguntarte las cosas más simples, reír por todo y por nada, correr hacia el agua en cuanto llegas al mar, saltar en la cama cuando hayas recibido la mejor de las noticias. Aunque ya seáis mayores, eso no significa que no puedas jugar al escondite con tus amigos, o saltar en camas elásticas. Y jugar a pelearte con tu novio, o a hacer cosquillas a tu novia... Y que después de todo eso, te tumbes y sonrías porque ese niño de 5 años aún sigue en ti.

Aprende a jugar otra vez. No eres tan mayor como crees.


miércoles, 7 de marzo de 2012

You can't erase, you can't replace it.

No me gusta que me hagan fotos a traición. Suelo salir... demasiado natural. Sin embargo, aunque "natural" signifique en muchos casos "fea", lo natural suele ser bueno. Y si hay algo bueno en ese tipo de fotos, es que me hacen sonreír.

Porque la gente aparece con los gestos que hace al hablar, al reír, al moverse. Es como si les tuvieras a un palmo, como si hubieras entrado de pronto en su casa y les hubieras pillado bailando a lo loco. Como si pudieras ver un trocito de su alma, ése que queda tan bien escondido cuando posan.

Ojalá todas las fotos fueran así. Predestinadas a ser fotos corrientes, con gente mirando a cámara y sonriendo de forma tan correcta. Y de pronto, algo ocurre y lo cambia todo. Un vaso que se cae, alguien que se resbala, un ruido inesperado o una avispa que empieza a volar a nuestro alrededor. Y salta el flash, y entonces reímos, pero después reímos aún más al ver en esa foto bocas abiertas, ojos cerrados, manos que salen borrosas... Gestos que se encargan de contar una pequeña historia, una historia que te hará reír en el futuro.

Pero mi foto preferida es aquella en la que sales horrible de tanto reírte. Busco esa sonrisa tan enorme que hace que salgas fatal en todas las fotos.

O quizás... Quizás no sales tan mal. Al fin y al cabo, ¿qué hay de malo en reír a carcajadas?


miércoles, 29 de febrero de 2012

Quiero el cielo que me prometiste.


Una promesa es un poco como un “te quiero”: si se dice mucho, se acaba sintiendo poco, se devalúa y al final no significa nada.

“Te prometo que algún día iremos”. Plaf! Nunca fuimos. ¿Y ahora qué? ¿Tuvo la culpa la indecisión, la espera, el tiempo, nosotros? Puede que fuera todo ello. A veces hace falta hacer promesas, aunque no esté del todo en nuestras manos que se hagan realidad.

Pero ¿dónde se han ido las promesas que no se cumplen?



Puede que mis sueños se transformen con el tiempo, pero ¿qué pasa con las promesas que hice? ¿Y con las que hago? La realidad es que, por mucho que me gusten las palabras, sirven de poco cuando te comprometes con el futuro. Es un tiempo turbio, cambiante y del que no sabemos nada. Y yo no puedo luchar contra algo desconocido.

Y sin embargo, escuchar una promesa me hace sonreír. Porque a veces consigo olvidarme de lo que ello conlleva, de que puede que no se cumpla jamás, y me centro en las palabras. Son como ver una llave que se tira al mar. Una llave que abría un candado que se ha cerrado para siempre. Y ahí se queda, en ocasiones sólo para recordarnos que una vez existió esperanza.

martes, 21 de febrero de 2012

The Island.

"No valoras lo que tienes".

Fue mi máxima durante tanto tiempo... y tardé tan poco en darme cuenta de mi error... La música, como siempre, me hizo ver que no es tan fácil valorar lo que tienes cuando lo tienes.

Sólo pensé en esas canciones que tengo en mi reproductor, pero nunca escucho. Están ahí, pero rara vez me paro a escucharlas. Sin embargo, sé que si alguna vez, por algún extraño motivo me encontrara sola en una isla desierta, daría lo que fuera por escuchar aunque fueran diez segundos de cualquiera de esas canciones.

Pero, claro... Yo no voy a perderme en ninguna isla.

Y así es como se da uno cuenta de que es tan difícil imaginar perderse en una isla como imaginar perder a alguien. Alguien que tiene canciones maravillosas en su interior y que no escuchas. Pero, claro... ¿para qué? Ya sabes que están ahí, no te harán falta...

... por ahora.

jueves, 9 de febrero de 2012

Awake.

Aunque lo llamemos "despertarse", para mí despertarse no es abrir los ojos por la mañana. De hecho, hay mucha gente que algunos días no llega a despertar. Sin embargo, de pronto hay algo que te hace "despertar" de verdad.

Despertar puede ocurrir por lo más simple o lo más complejo del mundo. Puede ser culpa de un resbalón o de un beso. Puede pasarte por tener que responder una pregunta inesperada (o peor, por escuchar a alguien preguntarte: "¿puedo hacerte una pregunta?"); por no ver un escalón, por mirar el reloj y ver que llegas tarde, por salir a la calle y ver que llueve demasiado, por ver a alguien que conoces en la televisión o porque suene de pronto tu canción preferida en la radio. Por una simple mirada en el momento oportuno. Por una palabra mal pronunciada o un chiste tan malo que te hace estallar en una carcajada, o una caricia cuando tienes los ojos cerrados. Puedes despertar con oír tu nombre... o el suyo. Te despiertas cuando acabas de montarte en una atracción, pero aún no ha empezado. Cuando oyes el sonido de un mensaje en el móvil, y ves que es exactamente de quien quieres que sea, aún sin leerlo, ya te despiertas. El dolor te despierta. El amor te despierta.



Si no sientes nada de esto, puede que hayas tirado a la basura muchos más días de los que crees. Al fin y al cabo, es cuando despiertas cuando realmente vives.




viernes, 3 de febrero de 2012

Love Issues I

"No es cariñoso. Bueno, sí, es cariñoso cuando quiere."

Cuando quiere.

Da que pensar. ¿Significa eso que "cuando quiere" es cuando le apetece? ¿O cuando quiere algo? Quizás una reconciliación, un acercamiento, una vuelta a equilibrar la balanza... ¿"Cuando quiere" significa que todas las veces que no sea cariñoso es porque no le apetece? Posible. Es muy probable. Pero difícil. Tú a veces no lo haces, y no es porque no quieras.

Y aún más difícil es que esta mujer que dijo esto aguante que su marido no sea cariñoso. Es obvio que cuando dices eso, es que necesitas que lo sea. Y aún así, no creo que pedírselo sea la solución. Al fin y al cabo, si no lo hace es porque no quiere, ¿no?

Pero sobre pedir y aguantar... es otra historia que, como dijo Michael Ende, debe ser contada en otra ocasión.

sábado, 28 de enero de 2012

Easy to say.


-Ese chico no te conviene, yo que tú le dejaba y punto.

¿Y punto? Já. Curioso que me lo digas tú, Juanita.

Resulta que Juanita ha tenido tres novios, y los tres la han dejado. Ella se arrastró lo impensable por cada uno de ellos, y seguro que si aparece un cuarto, volverá a hacer lo mismo. ¿No será, querida Juanita, que en realidad más que darme a mí un consejo, te lo estás dando a ti misma?

Tenemos la increíble habilidad de hablar de los problemas de los demás, y una capacidad aún mayor de solucionarlos. En realidad, no es que nos pongamos en la piel del otro. Lo que hacemos es vernos reflejados en esas situaciones, porque, queramos o no, es imposible despegarnos de nosotros mismos.

Seguramente mi otra amiga, ésa que está tan enamorada, me diga que lo intente una vez más y que luche por lo que quiero, y aquella otra a la que han engañado tanto me diga que no merece la pena porque todos los hombres son iguales. Me gustaría decirles que el amor no es ni tan perfecto ni tan doloroso como me lo quieren pintar, que seguramente la culpa sea mía y que, desde luego, no todos los hombres son iguales.

Pero no les digo nada. Quizás, después de todo, algunas tengan razón, aún sin haberme dado el consejo a mí. 

domingo, 22 de enero de 2012

Choose.

Existe un momento del día que me resulta curioso. Algunas veces es el mejor, y otras sólo sirve para que la felicidad sea mayor después.

Es ese momento en el que despiertas. Cuando aún crees que lo que has soñado es real. Cuando lo confundes todo. Pero, sobre todo, cuando aún no sabes nada. 

No eres consciente de lo que pasó el día anterior, de si hay alguien más en tu cama, o a veces ni de dónde estás. 

Aún no te da tiempo a sentir el dolor de la discusión de anoche, de aquello que tanto te conmocionó o del examen que te espera. No te duele nada, ni por dentro ni por fuera. No te acuerdas de que estuviste enfermo el día anterior, de que te rompieron el corazón o de aquella decepción tan grande. 

En ese minuto, segundo o centésima de segundo, no sabes lo feliz que eres hasta que de pronto tu cerebro decide conectarse otra vez al mundo. 

Sí, ese momento está muy bien. Pero prefiero el otro tipo de momento.



En el que no recuerdas que te dijeron "te quiero", que leíste ese mensaje antes de dormir o que te reíste tanto que te dolía la mandíbula (y volverá a hacerlo, pero en ese instante, recuerda, aún no sientes nada). Aún no sabes que no tienes voz, que te la dejaste cantando. No te acuerdas de la ropa que te compraste, de los regalos que te hicieron o del viaje que planeaste la tarde anterior, o de la genial idea que se te ocurrió (y que apuntaste, menos mal) antes de cerrar los ojos. 

Y en ese minuto, segundo o centésima de segundo, no sabes lo feliz que vas a ser cuando de pronto tu cerebro decida conectarse otra vez al mundo. 

Los dos instantes son iguales. Los dos están vacíos. Y, sin embargo, cuánto significa uno y qué poco significa otro... 

Esos momentos están determinados por lo ocurrido en el pasado. Hoy también formará parte del pasado cuando abras los ojos mañana. Hoy puedes elegir qué clase de instante quieres vivir cuando te despiertes. 

miércoles, 18 de enero de 2012

Are you?

Que cada uno es único en el mundo, eso ya lo sabemos.

Pero ser único no implica ser especial. He leído infinidad de textos que hacen creer al lector que realmente es especial, que es distinto y es perfecto tal y como es.



Permitid que os diga que es mentira.

No todo el mundo es tan jodidamente especial. De hecho, conozco a demasiadas personas corrientes. Peor aún, conozco personas que no quieren ser especiales. Y aún mucho peor, conozco personas que creen que lo son, cuando en realidad no podrías nombrar ni siquiera un color, una frase, un movimiento que la defina. Es verdad, a veces no es necesario que nos definan estas cosas para ser especiales, pero esto va más allá de cantantes, marcas o libros favoritos. Es cuestión de actitudes. Confían en encontrar un príncipe cuando no son ningunas princesas, sueñan con recibir detalles que ellos no son capaces de dar, con palabras imposibles que ellos mismos no pronunciarían.



No es necesario que la balanza esté siempre perfectamente equilibrada. Se trata de que se desequilibre constantemente. Si queremos una historia especial, normalmente tenemos que empezar por crearla nosotros.

Si sois especiales, la imaginación estará de vuestro lado.

¿A qué esperáis?


sábado, 14 de enero de 2012

Forget. Forgive.

Perdona y olvida. Eso dicen, ¿no?

Pero, como la mayoría de las cosas que se dicen, siempre es mucho más difícil hacerlas.
Y lo más importante ¿qué es perdonar? ¿qué es olvidar?
¿Con perdonar vale un "te perdono"? Hace falta más tiempo del que creemos para perdonar realmente a alguien. Entonces, ¿de qué sirve pedir perdón en el momento?
Y aún así, aunque perdones, está fuera de tu alcance olvidar. Eso no es algo que uno decida. "Yo perdono, pero no olvido" es una frase tan contradictoria como insulsa. Si no olvidas, no puedes perdonar.
El caso es que a veces, igual que perdonamos sin olvidar, olvidamos sin perdonar.

Olvidar no es algo bueno. No tenemos que olvidar, tenemos que aprender a recordar de forma que el rencor quede a un lado.

Ya, ya sé. Imposible.

sábado, 7 de enero de 2012

Sueños posibles.


Sueño con una ventana. Una ventana enorme, del suelo al techo, y entreabierta, por la que entra la luz de un día perfecto. Sueño con despertarme y sentir el sol. Sueño que abro los ojos y estoy en una cama gigante, con sábanas blancas, y un dosel también, por qué no, para sentirme como una princesa de cuento. En mi sueño no hay prisa por levantarme, así que vuelvo a cerrar los ojos y sonrío un poco. Sueño con un beso de buenos días que me haga sonreír del todo.  Estamos envueltos entre esas sábanas tan blancas, como en las películas. Tengo el pelo enmarañado, y me da igual. Sueño también con cosquillitas, para empezar el día relajada.


Me doy la vuelta y abro por fin los ojos, y veo esos otros ojos mirándome; los del beso, los de las cosquillitas, los de la sonrisa. Y una pregunta con la voz más dulce del mundo: ¿Qué tal has dormido? Y sigo soñando. Sueño que, después de unas cuantas bromas acerca de si he roncado o no, otras tantas cosquillas a traición y unas cuantas peleas sin fuerza, nos levantamos por fin. Sueño que me asomo por la ventana y veo la ciudad a mis pies, radiante por el sol. Las cortinas, también blancas, se mueven un poco por la brisa templada que entra.

Sueño con música. Música para levantarme, música para preparar la comida, música todo el tiempo. Sueño con un armario lleno de ropa, un baño lleno de maquillaje y unas paredes llenas de cuadros nada típicos. Quizás anuncios gráficos, fotos o mensajes curiosos. Nada de normalidades.

Sueño con llegar a casa medio cansada y quitarme los tacones, y con un abrazo que consiga tirarnos al sofá.  Sueño con ver la tele un rato apoyada en ti, o tú en mí. O las dos cosas.



Sueño con kilos de lencería. Sueño con la misma habitación de por la mañana, pero ahora es de noche y todas las luces de la ciudad dejan la habitación débilmente iluminada, medio a oscuras, perfecto. Sueño con un ‘te quiero’ cuando crees que ya me he dormido, y con otro cuando crees que aún duermo. Sueño con hablar de nuevas ideas. Sueño con imaginar.

Pero sobre todo, sueño con tener tiempo para seguir soñando. Sueño con poder vivir todos esos sueños.