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sábado, 28 de enero de 2012

Easy to say.


-Ese chico no te conviene, yo que tú le dejaba y punto.

¿Y punto? Já. Curioso que me lo digas tú, Juanita.

Resulta que Juanita ha tenido tres novios, y los tres la han dejado. Ella se arrastró lo impensable por cada uno de ellos, y seguro que si aparece un cuarto, volverá a hacer lo mismo. ¿No será, querida Juanita, que en realidad más que darme a mí un consejo, te lo estás dando a ti misma?

Tenemos la increíble habilidad de hablar de los problemas de los demás, y una capacidad aún mayor de solucionarlos. En realidad, no es que nos pongamos en la piel del otro. Lo que hacemos es vernos reflejados en esas situaciones, porque, queramos o no, es imposible despegarnos de nosotros mismos.

Seguramente mi otra amiga, ésa que está tan enamorada, me diga que lo intente una vez más y que luche por lo que quiero, y aquella otra a la que han engañado tanto me diga que no merece la pena porque todos los hombres son iguales. Me gustaría decirles que el amor no es ni tan perfecto ni tan doloroso como me lo quieren pintar, que seguramente la culpa sea mía y que, desde luego, no todos los hombres son iguales.

Pero no les digo nada. Quizás, después de todo, algunas tengan razón, aún sin haberme dado el consejo a mí. 

domingo, 22 de enero de 2012

Choose.

Existe un momento del día que me resulta curioso. Algunas veces es el mejor, y otras sólo sirve para que la felicidad sea mayor después.

Es ese momento en el que despiertas. Cuando aún crees que lo que has soñado es real. Cuando lo confundes todo. Pero, sobre todo, cuando aún no sabes nada. 

No eres consciente de lo que pasó el día anterior, de si hay alguien más en tu cama, o a veces ni de dónde estás. 

Aún no te da tiempo a sentir el dolor de la discusión de anoche, de aquello que tanto te conmocionó o del examen que te espera. No te duele nada, ni por dentro ni por fuera. No te acuerdas de que estuviste enfermo el día anterior, de que te rompieron el corazón o de aquella decepción tan grande. 

En ese minuto, segundo o centésima de segundo, no sabes lo feliz que eres hasta que de pronto tu cerebro decide conectarse otra vez al mundo. 

Sí, ese momento está muy bien. Pero prefiero el otro tipo de momento.



En el que no recuerdas que te dijeron "te quiero", que leíste ese mensaje antes de dormir o que te reíste tanto que te dolía la mandíbula (y volverá a hacerlo, pero en ese instante, recuerda, aún no sientes nada). Aún no sabes que no tienes voz, que te la dejaste cantando. No te acuerdas de la ropa que te compraste, de los regalos que te hicieron o del viaje que planeaste la tarde anterior, o de la genial idea que se te ocurrió (y que apuntaste, menos mal) antes de cerrar los ojos. 

Y en ese minuto, segundo o centésima de segundo, no sabes lo feliz que vas a ser cuando de pronto tu cerebro decida conectarse otra vez al mundo. 

Los dos instantes son iguales. Los dos están vacíos. Y, sin embargo, cuánto significa uno y qué poco significa otro... 

Esos momentos están determinados por lo ocurrido en el pasado. Hoy también formará parte del pasado cuando abras los ojos mañana. Hoy puedes elegir qué clase de instante quieres vivir cuando te despiertes. 

miércoles, 18 de enero de 2012

Are you?

Que cada uno es único en el mundo, eso ya lo sabemos.

Pero ser único no implica ser especial. He leído infinidad de textos que hacen creer al lector que realmente es especial, que es distinto y es perfecto tal y como es.



Permitid que os diga que es mentira.

No todo el mundo es tan jodidamente especial. De hecho, conozco a demasiadas personas corrientes. Peor aún, conozco personas que no quieren ser especiales. Y aún mucho peor, conozco personas que creen que lo son, cuando en realidad no podrías nombrar ni siquiera un color, una frase, un movimiento que la defina. Es verdad, a veces no es necesario que nos definan estas cosas para ser especiales, pero esto va más allá de cantantes, marcas o libros favoritos. Es cuestión de actitudes. Confían en encontrar un príncipe cuando no son ningunas princesas, sueñan con recibir detalles que ellos no son capaces de dar, con palabras imposibles que ellos mismos no pronunciarían.



No es necesario que la balanza esté siempre perfectamente equilibrada. Se trata de que se desequilibre constantemente. Si queremos una historia especial, normalmente tenemos que empezar por crearla nosotros.

Si sois especiales, la imaginación estará de vuestro lado.

¿A qué esperáis?


sábado, 14 de enero de 2012

Forget. Forgive.

Perdona y olvida. Eso dicen, ¿no?

Pero, como la mayoría de las cosas que se dicen, siempre es mucho más difícil hacerlas.
Y lo más importante ¿qué es perdonar? ¿qué es olvidar?
¿Con perdonar vale un "te perdono"? Hace falta más tiempo del que creemos para perdonar realmente a alguien. Entonces, ¿de qué sirve pedir perdón en el momento?
Y aún así, aunque perdones, está fuera de tu alcance olvidar. Eso no es algo que uno decida. "Yo perdono, pero no olvido" es una frase tan contradictoria como insulsa. Si no olvidas, no puedes perdonar.
El caso es que a veces, igual que perdonamos sin olvidar, olvidamos sin perdonar.

Olvidar no es algo bueno. No tenemos que olvidar, tenemos que aprender a recordar de forma que el rencor quede a un lado.

Ya, ya sé. Imposible.

sábado, 7 de enero de 2012

Sueños posibles.


Sueño con una ventana. Una ventana enorme, del suelo al techo, y entreabierta, por la que entra la luz de un día perfecto. Sueño con despertarme y sentir el sol. Sueño que abro los ojos y estoy en una cama gigante, con sábanas blancas, y un dosel también, por qué no, para sentirme como una princesa de cuento. En mi sueño no hay prisa por levantarme, así que vuelvo a cerrar los ojos y sonrío un poco. Sueño con un beso de buenos días que me haga sonreír del todo.  Estamos envueltos entre esas sábanas tan blancas, como en las películas. Tengo el pelo enmarañado, y me da igual. Sueño también con cosquillitas, para empezar el día relajada.


Me doy la vuelta y abro por fin los ojos, y veo esos otros ojos mirándome; los del beso, los de las cosquillitas, los de la sonrisa. Y una pregunta con la voz más dulce del mundo: ¿Qué tal has dormido? Y sigo soñando. Sueño que, después de unas cuantas bromas acerca de si he roncado o no, otras tantas cosquillas a traición y unas cuantas peleas sin fuerza, nos levantamos por fin. Sueño que me asomo por la ventana y veo la ciudad a mis pies, radiante por el sol. Las cortinas, también blancas, se mueven un poco por la brisa templada que entra.

Sueño con música. Música para levantarme, música para preparar la comida, música todo el tiempo. Sueño con un armario lleno de ropa, un baño lleno de maquillaje y unas paredes llenas de cuadros nada típicos. Quizás anuncios gráficos, fotos o mensajes curiosos. Nada de normalidades.

Sueño con llegar a casa medio cansada y quitarme los tacones, y con un abrazo que consiga tirarnos al sofá.  Sueño con ver la tele un rato apoyada en ti, o tú en mí. O las dos cosas.



Sueño con kilos de lencería. Sueño con la misma habitación de por la mañana, pero ahora es de noche y todas las luces de la ciudad dejan la habitación débilmente iluminada, medio a oscuras, perfecto. Sueño con un ‘te quiero’ cuando crees que ya me he dormido, y con otro cuando crees que aún duermo. Sueño con hablar de nuevas ideas. Sueño con imaginar.

Pero sobre todo, sueño con tener tiempo para seguir soñando. Sueño con poder vivir todos esos sueños.