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jueves, 9 de febrero de 2012

Awake.

Aunque lo llamemos "despertarse", para mí despertarse no es abrir los ojos por la mañana. De hecho, hay mucha gente que algunos días no llega a despertar. Sin embargo, de pronto hay algo que te hace "despertar" de verdad.

Despertar puede ocurrir por lo más simple o lo más complejo del mundo. Puede ser culpa de un resbalón o de un beso. Puede pasarte por tener que responder una pregunta inesperada (o peor, por escuchar a alguien preguntarte: "¿puedo hacerte una pregunta?"); por no ver un escalón, por mirar el reloj y ver que llegas tarde, por salir a la calle y ver que llueve demasiado, por ver a alguien que conoces en la televisión o porque suene de pronto tu canción preferida en la radio. Por una simple mirada en el momento oportuno. Por una palabra mal pronunciada o un chiste tan malo que te hace estallar en una carcajada, o una caricia cuando tienes los ojos cerrados. Puedes despertar con oír tu nombre... o el suyo. Te despiertas cuando acabas de montarte en una atracción, pero aún no ha empezado. Cuando oyes el sonido de un mensaje en el móvil, y ves que es exactamente de quien quieres que sea, aún sin leerlo, ya te despiertas. El dolor te despierta. El amor te despierta.



Si no sientes nada de esto, puede que hayas tirado a la basura muchos más días de los que crees. Al fin y al cabo, es cuando despiertas cuando realmente vives.




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