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miércoles, 7 de marzo de 2012

You can't erase, you can't replace it.

No me gusta que me hagan fotos a traición. Suelo salir... demasiado natural. Sin embargo, aunque "natural" signifique en muchos casos "fea", lo natural suele ser bueno. Y si hay algo bueno en ese tipo de fotos, es que me hacen sonreír.

Porque la gente aparece con los gestos que hace al hablar, al reír, al moverse. Es como si les tuvieras a un palmo, como si hubieras entrado de pronto en su casa y les hubieras pillado bailando a lo loco. Como si pudieras ver un trocito de su alma, ése que queda tan bien escondido cuando posan.

Ojalá todas las fotos fueran así. Predestinadas a ser fotos corrientes, con gente mirando a cámara y sonriendo de forma tan correcta. Y de pronto, algo ocurre y lo cambia todo. Un vaso que se cae, alguien que se resbala, un ruido inesperado o una avispa que empieza a volar a nuestro alrededor. Y salta el flash, y entonces reímos, pero después reímos aún más al ver en esa foto bocas abiertas, ojos cerrados, manos que salen borrosas... Gestos que se encargan de contar una pequeña historia, una historia que te hará reír en el futuro.

Pero mi foto preferida es aquella en la que sales horrible de tanto reírte. Busco esa sonrisa tan enorme que hace que salgas fatal en todas las fotos.

O quizás... Quizás no sales tan mal. Al fin y al cabo, ¿qué hay de malo en reír a carcajadas?


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