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jueves, 19 de julio de 2012

Too much fun.

21 años. Tengo veintiún años y aún no he salido en las noticias como próximo talento artístico. Tampoco me conocen por poseer una gran riqueza o una gran herencia. Todavía no he cumplido mi gran y estúpido sueño de aparecer en un cartel en la Gran Vía, protagonizar un videoclip lleno de slow motion o de que Jay Leno me haga una entrevista sobre lo rápido que me he hecho famosa y sobre cómo ha sido mi vida hasta ahora.



No. Nada de eso. Y ¿por qué? Bueno, me he pasado los últimos seis años estudiando. De hecho, los últimos dieciocho. Acudiendo cada día al colegio o la universidad, atendiendo a muchas clases y estudiando muchas tardes. Muchas tardes en las que llovía y podía haber sido Holly Golightly buscando a su gato enfundada en una gabardina, para después besarme con mi propio Paul Varjak. Muchas otras tardes de sol en las que podría haber salido, simplemente salir a la calle, y respirar. Pero nunca hay tiempo para respirar. Por eso es una acción involuntaria, no podemos perder tiempo en ello.

¿Qué pasaría si tu vida acabara cuando te encuentras en periodo de exámenes? Sé que más de uno incluso lo agradecería, pero lo cierto es que todos pensaríamos: "me he pasado los últimos días de mi vida encerrado, estudiando algo que quizás ni siquiera me interesa." Tampoco es que sólo importen esos últimos instantes, pero cada instante puede ser el último, y deberíamos ser conscientes de ello.

Si cada cosa tiene su momento, ¿llegará alguna vez el momento en el que, como dice la canción, "nos divirtamos demasiado"?

Quizás podamos hacer mucho más de lo que creemos para que las cosas ocurran.

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