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martes, 2 de octubre de 2012

Buy or Die?

He estado algo obsesionada con el dinero últimamente. Yo siempre había sido una idealista nata, de las que piensan que no hace falta tener una gran casa o un gran coche, ni siquiera un gran armario para ser feliz.

Hasta que necesité el dinero.

Tampoco es que tenga que pagar facturas, hipotecas o seguros, pero el dinero está en todo lo que necesito. Y lo cierto es que tampoco me sorprende, llevo viviendo con ello toda mi existencia. Siempre había querido tener cosas, pero eran caprichos transitorios. Después, fui creciendo y al final siempre son los mismos deseos dando vueltas. Pues sí, me encantaría conocer otros países, tener ese vestido tan perfecto colgado en mi armario y poder comprarme un perfume de vez en cuando sin sentirme horriblemente culpable.

Sí, el dinero da la felicidad. De eso no tengo ninguna duda. Es increíble despertarse y acordarse de lo que te acabas de comprar y la ilusión que te hace.

Pero, al final, si no hay nada detrás, si no hay alguien a quien puedas contárselo, si no existe algo de lo que estés orgulloso sin haberlo tenido que comprar, entonces no tienes nada.

Y a veces lo material no es suficiente. De hecho, nunca lo es. A fin de cuentas, ¿de qué le valió a Ebenezer Scrooge todo el dinero que consiguió, fuera honesta o deshonestamente? ¿De qué le servía todo su dinero a Mr.Big cuando Carrie no estaba con él? ¿Para qué iba a montarse en su coche de lujo si no era para ordenarle a su chófer que fuera a casa de ella?



Así que sí, la riqueza lo es todo, pero habría que definir qué es riqueza. En el fondo nunca he llegado a ser tan materialista.

Y es que ya lo dice mi mamá: hay gente tan pobre que sólo tiene dinero.